“Los límites del paisaje” – Santiago Morilla
Exposición del 11 de Octubre al 10 de Diciembre de 2010
El paisaje aparece en virtud de la experiencia humana en un entorno. Su fisonomía se configura a través de un proceso constante en el que vamos entretejiendo estructuras y significados.
Como en un mapa en que se marcaran maravillas, peligros e ignorancias con figuras fantásticas, las...
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“Los límites del paisaje” – Santiago Morilla
Exposición del 11 de Octubre al 10 de Diciembre de 2010
El paisaje aparece en virtud de la experiencia humana en un entorno. Su fisonomía se configura a través de un proceso constante en el que vamos entretejiendo estructuras y significados.
Como en un mapa en que se marcaran maravillas, peligros e ignorancias con figuras fantásticas, las intervenciones artísticas de Santiago Morilla dibujan un territorio que va más allá del mero accidente geográfico. En ellas se pone de manifiesto un contexto plagado de referencias, capaz de desencadenar el pensamiento. El extrañamiento estético hace aflorar así, de un modo contundente e inmediato, una parte del potencial significativo y emocional de una estructura cotidiana.
En las dos intervenciones que aquí nos ocupan, Santiago Morilla ha trabajado partir de una reflexión profunda acerca de la experiencia en su entorno más cercano. De ahí surgieron unas propuestas que suponen el intento de hacer comunicable la complejidad de dicha reflexión en el ámbito mismo que desencadenó el pensamiento.
Los bailes de estorninos en los atardeceres de otoño, las prédicas de San Francisco a los pájaros, San Pedro muriendo cabeza abajo en el Gianicolo y una terraza que nadie utilizaba en la Real Academia de España en Roma produjeron El accidente de la pintura. En una ciudad que canta el triunfo de la fe y de la historia en cada esquina, el fracaso temporal de lo humano se precipita con la aceleración de la gravedad. El suelo se cierra para engullir al pelele que nadie ha querido salvar. Papageno e Ícaro se ahogan en sangre y nos recuerdan que esta colina también está hecha de cadáveres. Pero, cuidado, porque poder ver directamente el cuerpo, sin mediación, sin tecnología, sin red, implica acercarse al lugar prohibido, encaramarse a la terraza, volar junto al sol; en definitiva, colocarse en un lugar propicio al salto. Estar a un paso de la caída y de la salvación. A un paso de caer en la tentación.
Una reflexión crítica sobre la realidad de la plaza de la Luna está en el origen de El Jardín de la Buena Dicha, proyecto ganador de la convocatoria de ideas de la Noche en Blanco 2010. Evocando el nombre del cercano cementerio para pobres de la Buena Dicha, este proyecto prestaba atención y espacio a las necesidades de quienes habitan la plaza. Cuando se decidió remodelarla, las autoridades no escucharon las voces que pedían la construcción de un jardín; por eso aquí la piel de uno de sus símbolos, transformada en una alfombra verde, sirvió para convertir un espacio duro, hostil y complicado en un lugar de esparcimiento. Pero esto sólo había de durar 24 horas. ¿Qué habría pasado si las cosas hubieran sucedido de otro modo? Con esta actuación provisional, temporal, efímera, se puso de relieve la difícil realidad de este enclave urbano para suscitar el pensamiento crítico a partir de la experiencia de un paisaje que sólo ha de perdurar en la memoria y las imágenes.
De un modo u otro, las actuaciones de Santiago Morilla suponen una transformación radical del entorno y la experiencia. Así, éstas se integran en su contexto, adquieren sus dimensiones, se fusionan con él, revelan sus historias, pero también lo modifican. Gracias a ello, en el paisaje resultante la experiencia se produce de otro modo. Y esto sucede tanto para quien se aventura y atraviesa el espacio transformado, como para quien lo observa desde la distancia. Emergen un paisaje en el tiempo para los cinco sentidos y otro sólo para los ojos. Ahora que la visión cenital ha dejado de ser patrimonio divino, las figuras de Santiago Morilla, parientes lejanas de geoglifos como los de Nazca, son un tipo de anamorfosis que sólo puede ser contemplada en su correcta proporción gracias a las imágenes captadas vía satélite. Sólo así se revela el perfil de unas criaturas que mezclan lo humano y lo animal, de híbridos que no sabemos si son fruto del disfraz o del capricho de la naturaleza. Se trata de seres inadaptados, abocados a la desaparición, a morder el polvo y a fundirse con él. Abrir los límites del paisaje para ampliarlo también es señalar su contorno.
Noemi de Haro García
Santiago Morilla (Madrid, 1973) es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y se especializó en el MA del “MEDIA Lab” en la University of Art and Design de Helsinki (Finlandia).
Además, ha obtenido importantes premios y becas como la Beca de Artes Plásticas en la Real Academia de España en Roma, concedida por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Fue seleccionado para representar a España en la Bienal Internacional de Ilustración de Bratislava en 2007 y ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas. Entre ellas destacan su participación en la Feria Internacional MACRO “The Road to Contemporary Art” (2010), su exposición en la Galería Co2 (Roma) y su intervención site-specific “Nidi” en la Fondazione Pastificio Cerere (Roma). Recientemente, Santiago Morilla ha participado con el proyecto "El Jardín de la nueva dicha" en la Noche en Blanco de Madrid 2010 y el museo de arte contemporáneo del Palazzo Collicola de Spoleto (Italia) ha adquirido su gran obra mural “The renewal mold".
“The limits of Landscape” – Santiago Morilla
Exhibition from October 11th till Deciember 10th, 2010
Landscape emerges through the human experience in an environment. It is configured in a constant process of connecting structures and meanings. The artistic interventions of Santiago Morilla draw a territory that goes beyond the mere geographic feature. There, in the place that inspired the artist, a part of the significant and emotional potential of the daily structure arises thanks to aesthetic estrangement.
The dances of starlings in the dusks of autumn, the image of San Francisco preaching at birds, the crucifixion of San Pedro, upside down, at the Gianicolo and a forgotten terrace at the Real Academia de España en Roma caused El accidente de la pintura (The Accident of Painting). A critical reflection on the hard reality of the Plaza de la Luna in Madrid lies under El Jardín de la Buena Dicha (The Good Happiness Garden) winning project of the call for ideas of La Noche en Blanco (The White Night) of 2010.
Santiago Morilla`s actions transform both the setting and the experience. And this can be experienced by those who dare to go through the transformed place but also by distant observers. Now that zenithal vision is no longer the exclusive right of God, Morilla’s figures, distant relatives of Nazca geoglyphs, correspond to a type of anamorphosis that can only be contemplated as proportioned thanks to the images caught by satellites. Their profile reveals creatures that combine human and animal, they are hybrids that make us doubt whether they are the result of disguise or of the whims of nature. They are misfits, doomed to disappear, to bite the dust, to merge with it. If the limits of landscape are opened to extend its boundaries, its contour will also be drawn.